Marcos Carambula

MANUEL LIBEROFF

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En homenaje al Doctor Manuel Liberoff, las palabras del Senador Marcos Carámbula en la media previa de la Sesión del Senado. Versión Taquigráfica.

SEÑOR CARÁMBULA.- Señor presidente: la semana pasada el Sindicato Médico del Uruguay homenajeó al doctor Manuel Liberoff. En esa oportunidad, compañeros de todas las épocas del doctor Liberoff y visitantes internacionales –luchadores por los derechos humanos– destacaron su trayectoria, y creo que en el Senado de la república se le debe rendir un homenaje, como a tantos compatriotas que perdieron su vida en los tiempos más duros de la dictadura.
Manuel Liberoff fue un médico de pueblo. Nació en Argentina y se vino a Uruguay, donde crió a sus hijos en Paso Carrasco, barrio que aún mantiene el recuerdo de ese médico de pueblo –o rural– que tanta falta nos hace en estos tiempos para fortalecer la cercanía en salud.


Han pasado ya muchos años desde su desaparición –cuarenta–, pero la gente de Paso Carrasco lo recuerda todavía con mucha emoción.
Hizo bien el Sindicato Médico del Uruguay en rendirle ese homenaje, en el que destacaba, además de sus características de médico de pueblo, su militancia gremial incansable, tanto en su profesión como en su papel de padre de alumnos de secundaria cuando, en tiempos difíciles de lucha por la democracia y la libertad en la enseñanza, colaboraba en la organización de las Apal.


En el sindicato participó activamente en las sucesivas convenciones que se realizaron hasta la intervención, y jugó allí un rol organizador, tenaz y resistente. Tenía a su cargo la voz del Sindicato Médico del Uruguay, que salía por CX 42, Radio Vanguardia. Nunca dejó de participar –ni siquiera en los años más duros cuando, antes de intervenir el sindicato, la dictadura había encarcelado a los médicos junto a tanta gente del pueblo uruguayo– en la lucha por la libertad y la democracia. Perseguido, se fue a la Argentina, en aquellas tristes horas de mayo, junto con Zelmar, el Toba y los jóvenes Whitelaw y Barredo, y allí desapareció.


Sus compañeros de la época en que estuvo en la cárcel lo recuerdan solidario hasta último momento, preocupándose por la salud de cada uno de los que estaban allí. Y estando ya en Argentina, un determinado día se perdió su rastro hasta hoy.


Quiero resaltar la figura del doctor Liberoff –cuyo delito fue ser médico al servicio de la gente, trabajador incansable, comunista con orgullo y dignidad hasta sus últimas horas– por sus valores de generosidad, de desprendimiento, de solidaridad, de heroísmo, de fraternidad.


Destaco que así como en el Sindicato Médico del Uruguay se le realizó ese homenaje al doctor Manuel Liberoff, se desarrollaron una serie de actividades que valoro particularmente y que representan la apropiación, por parte de la sociedad, de los sitios de la memoria. Nosotros asistimos a la colocación de una placa en el 300 Carlos o Infierno grande, donde desaparecieran, entre otros, Elena Quinteros y el escribano Miranda. También asistimos al sitio de la memoria de la Dirección General de Información e Inteligencia, en Maldonado y Paraguay –en aquellos tiempos, centenares de jóvenes sufrieron allí las torturas más inimaginables–, donde todos los que estaban, agolpados ese día, se hallaban reencontrándose de alguna manera con la verdad y la memoria. Allí mataron a Álvaro Balbi.
El lunes también se le realizó un homenaje, en su escuela, a Elena Quinteros, maestra, desaparecida, de quien hasta el día de hoy seguimos sus rastros.


Termino, señor presidente, manifestando que, afortunadamente, en estos tiempos es la sociedad entera la que se apropia de la memoria y marca los sitios: en Santa Lucía, las mujeres; en Mercedes, en Durazno, en Paso de los Toros, en Río Negro, los Fusilados de Soca. Apropiación de la memoria desde la sociedad con participación y dolor pero, fundamentalmente, con futuro en educación en derechos. Tenemos que seguir trabajando comunitariamente para que esto no vuelva a suceder pero, fundamentalmente, para avanzar en la educación en derechos humanos.
Solicito, señor presidente, que la versión taquigráfica de mis palabras sea enviada al Ministerio de Educación y Cultura, a la Comisión Especial de Reconocimiento y Reparación creada por la ley, a la Secretaría de Derechos Humanos, al Sindicato Médico del Uruguay, a la familia de Manuel Liberoff, a su hijo Benjamín, a Crysol, a Ágora y a otras organizaciones de derechos humanos.


Muchas gracias.