Marcos Carámbula
Destacado Homenaje a Seregni

Homenaje a Seregni

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Intervención del Senador Carámbula en el homenaje al General Seregni 13-12-2106


SEÑOR CARÁMBULA.- Saludo al señor presidente de la república, compañero Tabaré Vázquez; a los expresidentes, señores Lacalle y Mujica; a los ministros; a las autoridades nacionales; al presidente de nuestra fuerza política, señor Javier Miranda, y a los representantes del cuerpo diplomático.
Vaya el agradecimiento a mi fuerza política, que me concedió el honor de abrir este homenaje con motivo de conmemorarse el centenario del nacimiento del general Seregni.
Tal como lo establece el prólogo –a cargo del doctor Tabaré Vázquez– de la colección de obras dedicadas al general Seregni, sus discursos e intervenciones, rendimos este homenaje como un compromiso democrático con una visión de proyecto nacional y, a su vez, con su firme raigambre artiguista.

Decía Gerardo Caetano: «Si algo caracteriza a Seregni es el fuerte sentido de historia que lo habitaba, su terca voluntad de querer ir siempre más lejos, su paciencia de esperar la mañana siguiente, su concepción estratégica, su concepción táctica pero, fundamentalmente, su irrenunciable esperanza».
Sin duda, todos aquí podemos coincidir en que el general Seregni fue un protagonista principalísimo del proceso contemporáneo de nuestro pueblo, de la segunda mitad del siglo XX, con su característico sentido de historia, su sabiduría y esa convicción propia de que los legados de cada vida no empiezan ni terminan con cada uno.
Rescatemos, en primer lugar, su firme convicción artiguista, que lo caracterizó a lo largo de toda su vida.
Ya el 25 de agosto de 1955, en el acto oficial en Florida, en su discurso como teniente coronel hablaba de nuestro compromiso, nuestras metas y nuestros desvelos. De allí surgió la patria con contornos casi milagrosos, como rara expresión de una voluntad de definición democrática, como algo que pareciera intuitivo si no fuera fruto del ejercicio del derecho popular bebido en las propias fuentes artiguistas, en la soberanía particular de los pueblos.
Decía Seregni: «Es el espíritu del conductor genial, el pensamiento del precursor iluminado que asoma eterno en los actos de sus hijos». Allí afirma una concepción que será su vida: ejército y pueblo se empecinan conjunta y afanosamente en la labor común; actúan firmes y decididos como verdaderos soberanos de sus respectivos dominios.
Quiero rescatar aquí un hecho particular de su vida, como fue –y es– el compromiso demostrado en las inundaciones de 1959, como jefe de aquella respuesta nacional a una situación impensada y grave.


De aquel discurso rescato, desde siempre, la fidelidad a los principios democráticos de nuestros primeros soldados, que el general Seregni honró a lo largo de toda su vida.
Cuando nace la fuerza política que hoy representamos, al final de sus palabras Seregni dice: «Padre Artigas, aquí está otra vez tu pueblo; te invoca con emoción y con devoción, y bajo tu primera bandera, rodeando tu estatua, este pueblo te dice otra vez, como en la Patria Vieja, ¡padre Artigas, guíanos!».
Hoy, cuando celebramos –como él quería– el cumpleaños del general, quiero recordar otros cumpleaños y su propia expresión. En la cárcel, donde permaneció más de diez años, lo vivíamos entre todos en el sexto piso con un especial culto de amistad, compañerismo y solidaridad, como forma de seguir siendo, cada uno de nosotros, uno mismo, y también un conjunto.


«Nos festejábamos el cumpleaños» –dice Seregni– «tremendos grandotes como éramos, pero era siempre un acto de la mejor militancia, pertenencia, y una síntesis por venerar, fundamentalmente, nuestro compromiso y nuestra razón de ser».
Desde la cárcel el general Seregni, en su hombría de bien, pese a que fue humillado, maltratado y tuvo que soportar vejámenes que nunca expresó públicamente, mantuvo permanentemente su dignidad. Y cuando le preguntan: «¿Qué le deja eso?», responde: «Sobre todo una cosa: el conocimiento de mí mismo. Cuando uno pasa períodos muy largos solo, encerrado en un cuarto, vive para el lado de adentro y así aprende a conocerse mejor. La prisión tiende a destruir al hombre física y mentalmente y a eso hay que oponerse poniendo en juego todo lo que uno tiene adentro».


Luego, la periodista la pregunta: «¿Recuerda con rencor?» Y Seregni responde: «No, justamente esa posibilidad de pensar me hizo eliminar todo tipo de odio. A partir de tomar conciencia de una realidad y qué es lo que vale en la vida, yo tenía esperanza en el futuro y el futuro no se construye con odio y revanchas, sino con alegría».
Le preguntan: «¿Para eso tuvo que olvidar?» Responde: «No, ¿cómo voy a olvidar? Yo no pude gozar de mis nietas. Estuve diez años lejos de Lilí. Yo no olvido, pero no odio. Solo quedó una visión del pasado que me hace decir “Nunca más”. No podemos permitir algo como aquello nunca más».
Pero el general, desde la cárcel, mantuvo permanentemente activa su solidaridad con sus compañeros de prisión, con su familia a través de cartas memorables, y siempre con la preocupación por la política, por la democracia, por la libertad, por su fuerza política. En el voto por el NO a la reforma constitucional que impulsaban los militares, en el voto en blanco que afirmaba las corrientes democráticas en las elecciones internas de 1982, desde la cárcel el general jugó un rol fundamental. Desde allí él decía: «Al final del camino una luz puntual nos espera».


Son varios los oradores de todos los partidos políticos que van a hacer uso de la palabra, pero en estas breves frases quiero referirme a la recordada salida del general Seregni. Salió con la voz de la paz y dijo: «Somos una fuerza pacificadora; somos constructores de futuro». Pero no se quedó solo en aquella expresión tan maravillosa desde su apartamento en los dos bulevares, frente a miles de jóvenes y veteranos que lo rodeábamos, sino que desde ese lugar planteó para el país una línea de concertación, de movilización, de negociación en torno a cómo salir de la dictadura e ir hacia adelante.
Fue un artífice permanente del diálogo entre las fuerzas democráticas. Decía que había que ejercitar la memoria, y que si bien había habido un 1984, antes hubo un 1983, que es la memoria de la sociedad uruguaya y hace a su identidad, ayuda a comprender su idiosincrasia y es base de su cultura
Recordemos el formidable NO al intento de la reforma constitucional liberticida; el año 1982 con un amplio triunfo de los sectores democráticos, incluido el voto en blanco; el año 1983 con las movilizaciones estudiantiles, sindicales, de los trabajadores, de las distintas organizaciones que se expresaban, que culminaron en la fabulosa expresión que fue el Río de Libertad, allá por noviembre, en el Parque de Los Aliados.


Sin duda una de las grandes características del general Seregni fue su compromiso artiguista, su compromiso democrático y su compromiso de proyecto nacional, que buscó a la salida de la dictadura y continuó en cada una de las instancias, generando lo que él llamaba «espacios para las políticas de estado»: espacios para una política de reforma del Estado o de la constitución, o de grandes temas como la energía, la soberanía, el conocimiento, la innovación y la tecnología.
Fue, sin duda, un adelantado en pregonar con su propio ejemplo el diálogo, el compromiso y la búsqueda de acuerdos nacionales.
Naturalmente, en este homenaje que le estamos rindiendo al general, debemos hablar de nuestra fuerza política.


Allá por octubre de 1970, cuando empieza a dar pasos hacia un compromiso político, una vez que hubo renunciado a las obligaciones de su carrera militar, decía: «El sentido de la fuerza política a crear es trascendente y de carácter histórico. Resulta necesario consolidar el programa y la lucha de esa fuerza porque su accionar político es, sin duda, fundamental para sacar adelante el país. De ninguna manera puede concebírsela como el simple montaje de un aparato electoral. El Uruguay» –decía en 1970– «no termina en 1971. La tarea es histórica, trascendente, porque lo que hay que construir es el futuro. Cuando hay un rumbo definido y un pueblo que lo recorre animado de la voluntad de construir su destino, cuando existe conciencia nacional y mística para impulsar grandes obras, no hay obstáculo que ese pueblo no pueda vencer. Tenemos que trazar el camino y seguirlo, y eso solo será posible si recreamos la mística y la conciencia que hizo posible el éxodo del pueblo oriental». Una vez más su referencia artiguista.
Y continuaba: «La nueva fuerza deberá señalar claramente hacia dónde va y tener confianza en que todos seremos capaces del sacrificio necesario». ¡Vaya si ese sacrificio estuvo presente!


Agregaba: «Estoy consustanciado con el Frente Amplio y con el pueblo de mi país. Del pueblo provengo; es mi país, es mi pueblo el que me permitió realizarme como hombre, como militar y como ciudadano y a él me debo. Por eso nuestro compromiso aquí, ante ustedes, de entregar todas nuestras energías, nuestras posibilidades para la causa del Frente, que es la del pueblo oriental; y es el pueblo oriental el que emprende el camino hacia su futuro».
Se abrió, sin duda, una etapa histórica que él resume así: «Recorremos la historia en un hilo conductor que atraviesa los años, los episodios, los avatares del pasado, y se expresa en incontables luchas, en el desarrollo, en la maduración de la idea de la unidad del pueblo, en la profundización del análisis económico, social y político del país, en la progresiva coincidencia de organizaciones y grupos políticos, en la esforzada construcción de la unidad sindical, en las interminables y fecundas batallas ideológicas que crecen en la solidaridad con los pueblos que luchan por su libertad y por su soberanía». Y señala, particularmente, que «se fortifica con el impulso inteligente y porfiado de decenas y centenares de dirigentes, mujeres y hombres de valor singular que dieron forma y persistencia a las ideas que coadyuvaron a acelerar la historia, con su aporte teórico, con su rebeldía, con su honestidad y con su dignidad. Este enorme caudal de fuerzas y esfuerzos, de sufrimientos y sacrificios, de victorias y derrotas, de ideas y acciones, es nuestro patrimonio, es nuestro pasado, es nuestro antecedente, es la parte viva y fecunda de un verdadero proceso de gestación».


Seregni es Seregni y sus circunstancias; es Seregni –como él mismo lo decía– y las formidables personalidades: Michelini, Roballo, Trías, Cardoso, Arismendi, Juan Pablo Terra, Luis Pedro Bonavita; y, en el tiempo –también lo decía él–, Raúl Sendic y Erro; y son los partidos socialista, comunista, demócrata-cristiano y otros que venían de los partidos tradicionales, los que generaron esa circunstancia histórica del nacimiento de nuestra fuerza política.
Sin duda, señor presidente, podríamos vernos tentados a señalar cada una de las instancias en que, como a muchos de nosotros, nos marcó esa cercanía con el general Seregni. Voy a mencionar algunas: el 5 de febrero del 1971, cuando muy cerca de aquí nacía el Frente Amplio; aquella primera gira de coraje, de templanza, de serenidad, de frialdad ante intentos de asesinato, ante todo tipo de provocaciones: o el 26 de marzo de 1971 cuando, como relataba en el prólogo el doctor Tabaré Vázquez, tantos hombres y tantas mujeres jóvenes sentimos aquel nacimiento formidable y, al decir del profesor Crottogini, el plebiscito de la esperanza. También quiero mencionar la carta del voto en blanco, que salió desde la cárcel y que Germán Araújo, otro gigante en la lucha contra la dictadura, difundió y muchos acompañamos. Recuerdo que a la salida de la dictadura, desde la presidencia nuestra fuerza política orientó a la bancada de senadores y diputados y, fundamentalmente, buscó los consensos que se expresaron en la Concertación Nacional Programática; recuerdo la consulta, la orientación permanente, la indicación y los últimos tiempos en su Costa Azul tan querida –donde en estos días se lo recuerda–, convocando una y otra vez a personas y personalidades de todos los partidos, a los jóvenes, a los militantes de a pie, en el patio, en el fondo, en la pesca, en la playa, generando siempre instancias fundamentales de diálogo. Pero lo más importante es que en esa historia, que es compromiso vital de muchos de los aquí presentes, el general nos interroga, nos cuestiona, desde la unidad misma del Frente Amplio, desde su concepción del Frente Amplio que, según él decía, son sus dirigentes y sus militantes; fundado y vuelto a fundar, una y otra vez, nos sigue comprometiendo hacia el futuro. Él decía: «No sé si soy optimista. Soy alguien a quien mueve la esperanza. No concibo la vida sin buscar los caminos para un mejor futuro. Debemos pensar políticas de Estado, un proyecto nacional compartido por las grandes mayorías nacionales, un modelo económico más justo, más humano, participativo, solidario, comprensible y que sea parte de la misma vida del pueblo, viable. La revolución de los factores morales como un nuevo renacimiento en el cual todo camino al desarrollo y a la revolución en el sentido progresista que queremos emprender debe reconocer como condición sine qua non la revolución de los factores morales». ¡Vaya, señor presidente, si esto tiene una enorme vigencia!


Termino con sus mismas palabras en el paraninfo de la Universidad. Decía Seregni: «No es fácil recibir un homenaje en persona. No es fácil. Intenté ser en mi vida fiel a mí mismo, coherente en el marco de principios éticos elementales, en la defensa de la libertad y la democracia, en el respeto irrestricto a la Constitución y a la ley. Pero, mis amigos, todo lo que hice, lo bueno y lo malo, lo acertado y lo erróneo, fue a plena conciencia. Traté de perseguir el paradigma de decir lo que se piensa y hacer lo que se dice. A veces pude hacerlo, otras veces no, porque yo también sentí el dilema que planteaba Weber de la posible oposición entre la ética de las convicciones y la ética de las responsabilidades». Enumera el 1983 que ya mencionamos y los movimientos estudiantiles: se habrá perdido el miedo al miedo, habrá vencido la esperanza, habrá vencido ante el terror y una contracultura el imperio de que podemos cambiar y superar la barrera, la debilidad y el frío de lo individual, y alcanzar la fuerza y la calidez de lo colectivo. ¡Vaya si tendrá vigencia! Recrear la solidaridad, la confianza, la lealtad superior, la dignidad humana en el máximo sentido y, sobre todas las cosas, recuperar el sentido de la vida, recuperar el valor del amor como fundamento de la relación humana, recuperar los valores éticos y sociales; saber que esa reconquista será posible si la lucha es de todos, para salir entre todos. Citando a aquella maestra, decía el General: «Maestrita de Treinta y Tres, unir mil miedos para formar un solo coraje. Amo la vida, me gusta vivir». Se inspiraba, cuando le preguntaban, en la letra de Utopía de Juan Manuel Serrat. «Hay utopía incorregible que no tiene bastante con lo posible; hay utopía que levanta huracanes de rebeldía; hay utopía, cabalgadura que nos vuelve gigantes en miniatura; hay utopía que alumbra los candiles del nuevo día».
Señor presidente: ese día en el paraninfo de la Universidad, Seregni pidió salir por la puerta grande de ese recinto tan emblemático de nuestra historia. Y salió por la puerta grande del brazo de Lilí y aquí mi homenaje a esa gran figura que fue Lilí Lerena de Seregni. Ambos conformaron una personalidad formidable en la segunda mitad del siglo XX y alumbraron el futuro del siglo XXI.


Quiero terminar con una imagen que me parece muy representativa y que veíamos hace pocos días. Seregni, que murió sin ver el triunfo de su fuerza política, en los ojos de Lilí vio un nuevo alumbrar.


Muchas gracias, señor presidente.