Marcos Carámbula

POLICLINICA VLADIMIR ROSLIK

Versión Taquigráfica  de las pabalbras de Carambula en la Sesión, donde se asigna el nombre de Vladimir Roslik a la policlínica de San Javier

SEÑOR CARÁMBULA.- Señor presidente: estamos aconsejando proceder a votar este proyecto de ley, que viene aprobado desde la Cámara de Representantes. Se trata de una iniciativa que, a su vez, habían acompañado las autoridades de ASSE y que propone designar a su policlínica ubicada en la ciudad de San Javier, departamento de Río Negro, con el nombre de Vladimir Roslik.

            Hace muy bien este proyecto de ley, como bien lo dice Mary Zavalkin de Roslik –su viuda y extraordinaria compañera–, en recordar a Vladimir Roslik por lo que él era antes que nada: un hijo de campesinos, formado fuera del país –ese fue su delito en aquellos tiempos–, en la universidad Patricio Lumumba. Graduado como médico, volvió a su pueblo a ejercer la Medicina con una bondad extraordinaria y con compromiso con los más humildes, por lo que fue muy querido por su gente.

      Entonces, nos parece que el mejor homenaje a Vladimir Roslik –que, prácticamente, fue el último asesinado a la salida de la dictadura, aquel 16 de abril de 1984–, es recordarlo por la vida, por la salud –que era su convicción–, en su pueblo y en esa policlínica de ASSE que está al servicio de su gente.

      Brevemente, me voy a referir –porque ya en otras oportunidades lo hemos hecho– a la injusticia que se produjo en aquel abril de 1984 –hace ya treinta y pico de años–, cuando la dictadura, ya rodeada y agonizante, dio aquel zarpazo absolutamente injustificado al detener en la madrugada a un médico de pueblo cuyo único delito era ser un buen profesional, un padre de familia reciente – su niño tenía apenas cuatro meses–, comprometido, como decíamos, con la gente a la que atendía.

      De aquellos días durísimos, dramáticos, quiero recordar muy especialmente la contratapa de Jaque, de Maneco Flores Mora, en la que denunciaba lo que fue el asesinato de Roslik. Deseo subrayar el testimonio valiente de los médicos que refutaron lo que fue la primera autopsia, también firmada por un médico de triste memoria, a partir de lo cual se creó, en la Convención Médica Nacional de ese año, la Comisión Nacional de Ética Médica para analizar estas conductas. Quiero recordar aquella mañana lluviosa, en que nos tocó ir a San Javier.  En ese momento era presidente de la Comisión Intergremial Médica y recuerdo que viajé con Manuel Flores Silva, Víctor Vaillant y José Germán Araujo. Escritores como Campodónico –que en aquella época era redactor del diario Aquí–  y otros tantos acompañaron, en aquel día tan duro –reitero que era un día de lluvia–,  el sepelio de Vladimir Roslik.  El pueblo acompañó a su médico hasta el final, al tiempo que estaba rodeado por las fuerzas conjuntas, que vigilaban lo que era la expresión de dolor de la gente.

            Señor presidente: creemos que este Cuerpo hace muy bien en acompañar este proyecto de ley remitido por la Cámara de Representantes, para que la policlínica de ASSE lleve el nombre de Vladimir Roslik, por lo que fue su vida, su pasión por la salud y por los demás.

            Muchas gracias.